El dueño del riad es un tipo bastante simpático. Sus
dos esposas y sus tres hijos también parecen serlo. El tipo me ha preguntado si
soy marroquí, aunque cuando le he dicho que venía de Sevilla ha asentido con la
cabeza. Debe ser que mis rasgos parecen árabes.
La habitación es bastante bonita, un nido de amor en
mitad de una tierra exótica. Aunque para ser sincero, después del día que
llevamos me hubiese dado igual que nos hubiesen instalado en un pajar. Nos
vamos a ir a dormir ya, así que detengo la crónica hasta mañana.
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