Jara y yo nos conocíamos desde el instituto. A mí me
gustaba desde entonces, aunque ella pasaba bastante de mí. No fue hasta años
más tarde, cuando compartimos piso para estudiar en la universidad, que nos
fijamos el uno en el otro. Bueno, más bien que ella se fijó en mí por fin.
Varios meses de divertida convivencia más los efectos producidos por el elevado nivel de Cerveza Roja del Mercadona
ingerida, provocaron el milagro.
Desde entonces estamos en la ardua tarea de la
transición de ser amigos a ser pareja. Eso sí es un reto y no los del libro Guinness de los récords.
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