Comenzamos a caminar por la medina, pero no somos
capaces de encontrar nuestro hotel. Por el camino Jara se mete por error en una
mezquita, de la que sale corriendo tras los gritos de un autóctono que se
encontraba en la puerta. Es curioso cómo sin entender el idioma entendimos
perfectamente lo que quería decirnos.
Finalmente llegamos a nuestro destino, el Riad Dar
Al Oualí, gracias al dependiente de un puesto de lámparas, que nos indica el
camino a cambio de que le compremos una.
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