Continúo con la crónica de nuestro viaje. Hemos
cogido el autobús del aeropuerto justo a tiempo. Esto de tener que llegar con
una hora de antelación me pone bastante nervioso. Jara mira tranquilamente por
la ventana mientras que yo miro nervioso el reloj.
Justo cuando llegamos a la parada del aeropuerto y
se abren las puertas del autobús, un hombre sufre un ataque epiléptico. La
gente se agolpa para ver lo que ocurre y alguien llama al número de
emergencias. Jara está preocupada por el hombre. Yo, como cerdo egoísta que
soy, solo me alegro de que le haya ocurrido al llegar. Si hubiese sucedido
durante el viaje, el bus habría tenido que parar y hubiésemos llegado tarde.
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